Little Boxes….

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If you already cherished the doubt about the influence in how we dress by advertising, mainstream fashion magazines (most of them advertising containers) and the big clothes distributors, this is the ultimate web to confirm it…. Exactitudes

An anthropologic, interesting and funny collection of pictures, shot during the last 20 years by two Netherland artists that you can’t miss.

I knew about Ari Versluis y Ellie Uyttenbroek  by an article about Exactitudes. ( Here, in Spanish).

It shocked me because it came to confirm what I was thinking in the past 10 years, the process of humanity cloning ! :D. In fashion the cloning had always existed but is now global…same style, same brands, same Little Boxes.

When I was a teenager, the big clothes chains didn’t exist already and I was so lucky to have my mum, who was a great dressmaker, and as crazy as me, so I was able to dress following Madonna Style, the Mod movement style or even like Robert Smith in a feminine version. Yes, we all have a past!! ;P  The need of belonging to a group is natural and human, and it has existed trough all the human history. We dress to express ourselves as part of a group, as much as to show our individuality. But with the “fast-fashion” boom, this natural human aspiration has become global, standard and at the end, boredom. All the same, all Little Boxes.

Much more modestly than this wonderful pics collection, you can follow my Pinterest board, “little boxes…” where I collect the fashion clones that I’m finding in the internet.

This post and the board tittles, come from the 1962 song by Marvinia Reynolds, popularized by Pete Seeger, although I discovered it thanks to Walk off the Earth in this highly creative video

Little boxes on the hillside,
Little boxes made of ticky tacky,1
Little boxes on the hillside,
Little boxes all the same.
There’s a green one and a pink one
And a blue one and a yellow one,
And they’re all made out of ticky tacky
And they all look just the same…..

Hoping that you walk off the box….see you soon!

*Photo by Roma Flowers

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los beneficios de mi fracaso

Este post no es mío, sino de Alberto Sicilia. Un físico que escribe un blog que sigo. Es tan bueno, que no he podido evitar hacerlo mío en mi habitación de la planta 35.

Me ha cautivado en estos momentos de mi post-fracaso profesional y ahora que, en lo personal, vuelvo a empezar a recordar y defender la alegría.

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Los beneficios de mi fracaso

Fuente: http://principiamarsupia.wordpress.com/2012/03/26/los-beneficios-de-mi-fracaso/

Partí de Madrid hace 7 años para estudiar un Erasmus de unos meses en París. No hablaba ni una palabra de francés y tenía muchas dudas sobre mi talento como físico. Lo que ocurrió después, superó salvajemente mi sueños más hermosos: completar un doctorado en física teórica, ser invitado a universidades estadounidenses, viajar por Sudamérica, África y la India. Trabajar como actor en compañías de teatro francesas y británicas, escalar el Mont Blanc, ser fichado por la Universidad de Cambridge y, sobre todo, gozar de amistades que valen más que los rubís.

Pero durante mi último año en Cambridge,  la que pensaba era la mujer de mi vida, me dejó. Los sueños por los que tanto había luchado, se evaporaban delante de mis ojos.

Volver a Madrid, y estar sin ella, era un doloroso fracaso.

Pasé unas semanas muy duras. Pero, de a poquito, la luz volvió a colarse entre las grietas del desaliento. Unos pocos meses después, me siento mejor que nunca.

El fracaso ha sido la oportunidad más hermosa que la vida me ha regalado.

Cuando las cosas salían como yo deseaba, era muy complicado distinguir mis errores. Tras los triunfos, celebraba mis virtudes y alababa mi suerte. El fracaso me ha enfrentado con honestidad a mis sombras, carencias y defectos.

Cuando todo iba bien, era muy tentador acomodarme y dejar que la marea me arrastrase. El fracaso me ha empujado a desafiar mis límites.

El fracaso me ha recordado que hay cosas en la vida que no podemos controlar. Pero también, que hay dos cualidades que son mi absoluta responsabilidad: mi actitud y mis acciones.

El fracaso me ha liberado de lo que no es esencial. Estoy vivo. Tantas angustias y miedos por el futuro no valen la pena.

Y, por encima de todo lo demás, el fracaso me ha permitido disfrutar del amor de las personas me quieren. Gente por la que daría mi vida.

Tras semanas de dolor, decidí embarcarme en el desafío más hermoso que he afrontado: construir el mejor Alberto del que fuese capaz.

Decidí trabajar en mi fuerza de voluntad, en mi disciplina, en mi ternura, en mi alegría. Muy despacito y sin compararme con nadie. La única medida de mi progreso es el Alberto del día anterior.

El objetivo es llegar a la cama cada noche siendo un poquito mejor que la persona que salió por la mañana. Ser capaz de responder con honestidad a estas preguntas: ¿he afrontado mis miedos o he puesto excusas para no hacerlo? ¿he dicho todo lo que pensaba? ¿he trabajado tan duro como podía? ¿he vivido profundamente? ¿he empujado mis límites un pasito más allá? ¿he ayudado a que sean un poquito más felices las personas que quiero? ¿les he recordado mi amor?

En esta jornada he descubierto algo que no había alcanzado ni haciendo un doctorado ni viajando por medio mundo: la seguridad de que afrontaré los bofetones de la vida con serenidad e inteligencia.

He dudado si publicar, o no, esta entrada. Mi vida es mucho menos interesante que las anécdotas de Orson Wells y Winston Churchill. Pero cuando yo estaba mal, me ayudó muchísimo el ver cómo personas que habían sufrido derrotas infinitamente más dolorosas que la mía, se levantaban y continuaban su camino alumbrando ternura y pasión.

Si alguno de los que leéis el blog estáis pasando un momento difícil, si vuestros sueños acaban de romperse, sólo puedo deciros que yo también fracasé. Yo también lloré. Yo también creí que se me había escapado lo mejor de mi vida. No podía estar más equivocado. El fracaso es la oportunidad más hermosa que la vida me ha regalado.

Paciencia. Fuerza. Alegría.

Dar sin esperar nada a cambio….no hablamos de amor

Decidida a estar 10 minutos, me siento frente al portátil. los niños duermen y la casa está en silencio….demasiado silencio….enchufo el spotify (que para eso lo pago!) y gracias a Nines descubro a Trent Dabbs….se fastidió, ya no acabaré en 10 minutos. Pensaba ponerme a trabajar un rato pero escuchando a este hombre me entran ganas irrefrenables de teclear un poco en la planta 35.

En mi habitación de la planta 35 tengo que trabajar un rato, solo un rato, después de un día que pocos entenderían. Un día en el que he ido a la terraza de nuestra planta a ayudar a unas amigas, fantásticas profesionales, a conocerse y tal vez a trabajar juntas. Un día en el que no he ganado ni un euro pero del que me siento muy satisfecha. Un día que últimamente se repite con mucha frecuencia.

La mayoría de las personas que se cruzan por los pasillos de esta planta y de otras muchas, no entienden que regale mi tiempo, mis energías y mis contactos a quién me lo pide…y quién lo merece, claro está.

Es difícil de justificar, en un mundo dominado por el interés, que simplemente te apetezca vivir desde dentro las necesidades de otras personas y ayudarles a satisfacerlas sin esperar nada a cambio….no hablo de nada sexual, no nos pasemos, ja ja ja !!!

Pero estoy segura de que aunque no gane dinero con ello, algún día, todo esto revertirá en mi habitación de alguna manera que aún no llego a ver. De hecho, ya lo hace, me lo paso estupendamente y aprendo muchísimo cada vez que paso por la terraza. Y acaso eso no es un bien de incalculable valor?

Mañana toca otro tipo de día, otro en el que habrá que poner los “garbanzos” por delante de la diversión. Un día en el que habrá que salir a otras plantas, incluso a otros hoteles, a llamar a otras habitaciones en las que habrá gente que igual no quiere ni vernos, pero que le vamos a hacer, es lo que hay… así que habrá que tomárselo con alegría. Ya que tenemos que hacerlo, hagámoslo bien.

Buenas noches. Voy a ver si ahora sí, trabajo un rato antes de que den las 12 y se fundan las luces de mi habitación.

La planta 35

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Me he instalado en la planta 35. Voy a quedarme aquí. En esta planta  ya he tenido a mis hijos, ya he hecho una carrera profesional, con más o menos éxito, ya he conocido al hombre de mi vida…

Y no es que ya no tenga más ambiciones, las tengo todas intactas. No estoy cansada de nada ni de nadie. Pero esta planta me gusta.

En realidad debería estar en la planta 41, pero resulta que me siento más cómoda entre la 35 y la 39. Tampoco nos vamos a hacer ilusiones y querer estar en la 30, que allí ya me ven como una marciana y ya puestos a elegir, me quedo con la 35 que está más cerca, así como en el medio de todo.

Si buscas en google the 35thfloor, lo que aparece son lugares fascinantes con vistas fascinantes. Para muestra, este botón http://bit.ly/wN2yJb

Me gusta esta planta porque hay tantas habitaciones como quieras. Y todas están aún por abrir y recorrer. En cada habitación hay gente inquieta que hace cosas, que tiene ilusiones y proyectos, que no se rinde si al subir la persiana el día está nublado, porque desde esta planta, casi todos los días, si te esfuerzas, acabas viendo el sol.

He visto que hay salones en los que puedo encontrar gente interesante o no tanto. Ascensores en los que me cruzo con gente que inevitablemente sube a otras plantas. También hay quien se mueve hacia aquellas plantas en las que se siente más a gusto o que quiere explorar qué se siente al convivir con personas de otras plantas.

En la planta 35 hay un fantástico bar/terraza en dónde siempre da el sol. Un lugar relajado dónde charlar con otros huéspedes de forma informal. Un punto de encuentro fuera de nuestras habitaciones dónde intercambiar ideas, proyectos, contactos, todo aquello que nos interesa para nuestras actividades diarias en nuestras habitaciones.

La planta 35 tiene un gran muro de anuncios y actividades. En él todos podemos colgar lo que creemos que puede interesar a los huéspedes. Ya sean actividades dentro o fuera de nuestra planta.

Me han pedido que si quiero, deje la puerta de mi habitación siempre abierta para ver quién entra…quién sabe, igual es alguien que ni te esperaba ver por aquí.

Me gusta que en la cocina de la planta 35 todos las huéspedes cocinen los platos de todos. Todos comemos de todo y no nos da miedo experimentar y “deconstruir” lo ya construido para ayudar a crear platos nuevos.

 En la planta 35 también hay una zona de juegos, hobbies e inquietudes….. aquí hablamos de las cosas que nos interesan o de las que nos llaman la atención. A los que vivimos en la planta 35 nos gusta el diseño, nuestros niños, la moda, la decoración, el sugarcraft, la cultura, las ciudades, las familias de todo tipo, el campo, el mar, la playa, la montaña….tantas cosas que para vivirlas todas necesitaríamos dos hoteles con suficientes plantas.

En mi habitación de la planta 35 he instalado una cesta enorme que voy llenando con mis experiencias hasta hoy y las que tendré en el futuro. Está envuelto en ideas, ganas, ilusión, empuje…todo lo necesario para que otros huéspedes puedan entrar y coger de él lo que necesiten.

 Si te apetece venir a vivir a la planta 35, ya sabes, solo tienes que coger el ascensor.

Luisa